A partir de las siete de la tarde hemos de intentar que la cena sea ligera pues de lo contrario nuestra digestión puede volverse un poco pesada y molesta. ¿Quieres saber que ventajas tiene para tu salud cenar de un modo suave y lo más temprano posible?
Desde el latir de nuestro corazón, hasta el movimiento lunar cada veintiocho días, la vida y los seres vivos, estamos naturalmente sometidos a los ciclos biológicos.
Nuestros órganos también se ven regidos por un reloj interno, según el cual hay momentos de máximo rendimiento y actividad, y otros de reposo de su energía.
En la medicina tradicional china, es de siete a nueve de la noche (hora solar), la franja horaria en la cual el estómago se encuentra en un momento de mínima energía, este es el motivo por el cual se puede sentir la necesidad de ingerir algún alimento, y es este el periodo de tiempo más equilibrado y saludable para cenar, pues el sistema digestivo necesita recibir alimentos para equilibrarse. En nuestra cultura es la cronobiología la rama que estudia los ciclos vitales que rigen el organismo de los seres vivos.
Invertir el orden alimenticio, haciendo desayunos más variados y generosos, y cenas más moderadas, es entrar en armonía con nuestro reloj interno, pues es por la mañana cuando todos los órganos están pletóricos y necesitados de un buen desayuno, y es a partir de las siete de la tarde que todo nuestro organismo, (aunque no nos demos cuenta), se empieza a preparar para el reposo, enlenteciéndose su metabolismo.
Un antiguo aforismo refleja con mucha gracia y sabiduría este concepto:
"Desayunar como un príncipe, comer como un burgués y cenar como un mendigo".
Además de cenar moderadamente, cenar temprano garantiza una mejor digestión y asimilación de los alimentos, evitando sobrecargar al hígado, padecer hinchazones, flatulencias y trastornos del sueño.
Comer más a menudo mantiene el nivel de glucosa en sangre más constante, evitando los momentos de desánimo y cansancio que a veces se tienen unas horas después de comer, es necesario para ello parar un momento y hacer un bocadito a media mañana y otro a media tarde (a parte de las tres comidas principales, claro).
El hábito de merendar una pieza de fruta, un puñadito de nueces y avellanas, y/o un yogurt, nos hará sentirnos con más ánimos durante la tarde y resulta más fácil cenar menos cantidad.
¿Qué alimentos son más aconsejables para cenar?
Para empezar, no es aconsejable repetir lo mismo que al mediodía, (si ha sobrado se guarda para el día siguiente), pues necesitamos hacer una dieta variada, y prescindir de embutidos y fritos que dificultan mucho más la digestión durante las horas nocturnas.
Escoger frutas de la estación, lo más maduras posibles, (y si está al alcance de cultivo biológico), con yogurt o kefir, o un poco de pan dextrinado con requesón. Es la alternativa más sana y depurativa, ideal para personas que necesitan eliminar líquidos y desintoxicar el organismo.
Los cereales integrales nos ayudarán a conciliar el sueño, su riqueza en vitaminas B nutren y calman el sistema nervioso, siendo el grupo de alimentos recomendable en caso de nerviosismo o dificultades para dormir. El cereal más dormilón es la avena. Podemos comprarla en forma de sémola o en copos, y hacer ricas sopas con ella.
Una fórmula infalible para combatir el insomnio es hervir copos de avena en leche de avena (de venta en tiendas de productos naturales), a fuego lento, cuando ya están cocidos se toma esta sopa para cenar, es muy relajante e inductora del sueño.
El arroz integral es una perfecta opción para la cena, es un buen diurético natural y combinado con un poco de ensalada es un plato muy equilibrado. Los cereales consumidos en grano (mijo, quinoa, trigo, etc.) nutren y no engordan, sobretodo si respetamos la máxima de "masticar los líquidos y beber los sólidos", cada bocado de cereal puede ser masticado de treinta a cuarenta veces, contar las veces mientras se mastica es una forma de tomar conciencia de ello. Y al masticar mejor se necesita comer menos para sentirse saciado.
Para aquellas personas que deseen mantener la línea o perder algún kilito, la cena es la comida del día más importante a tener en cuenta, pues el metabolismo se ha enlentecido y no se quema tan fácilmente lo comido, habiendo mucha más facilidad para acumular grasas. El consumo de proteínas (huevo, queso fresco, un poco de legumbre, tofu, carne de ave o pescado) ayuda a quemar grasas, procurando cocinar con poco aceite y siempre acompañada de un plato de hortalizas frescas.
La propuesta
La propuesta es una invitación a la auto-observación de nuestro cuerpo y forma de sentirnos.
Os propongo observar la relación entre como cenáis y como os levantáis al día siguiente.
¿Cómo tenéis la boca, amarga, o pastosa?
¿Cómo estáis de humor, malhumorados o alegres?
¿Cómo sientes el cuerpo, pesado o vital, con ganas de empezar el día?
No solemos relacionar lo que cenamos, con cómo nos sentimos al iniciar el día, y la verdad es que cenar de forma sana, pronto y con moderación aporta ligereza física y mayor alegría interior al levantarnos para afrontar el día.
Os invito a probar la sensación de experimentar y cambiar aquellos hábitos por otros que potencian la salud, la energía, y la alegría de vivir.
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Razones para ser Vegetariano
Razones para ser vegetariano hay muchísimas y van desde motivos filosóficos como evitar el sufrimiento animal, razones solidarias o una mejora de la salud. ¿Existen otras razones para ser vegetariano o hay motivos razonables para comer carne a diario?
Estas son
En los años 70, se llevaron a cabo numerosas investigaciones que demostraron que las dietas de bajo contenido graso, previenen las enfermedades cardiacas. La dieta vegetariana posee estas características, pudiendo además, revertir dichas males.
Las grasas vegetales polisaturadas tienden a disminuir la presión arterial, mientras que las grasas animales la eleva.
Es una buena medida para prevenir el cáncer por la cantidad de fibras presentes en la alimentación vegetariana; al facilitar la expulsión de los residuos alimenticios, se eliminan las toxinas, previniendo así el cáncer del colon. También hay muchos vegetales como el brócoli, repollitos de bruselas, la coliflor, el ajo y otros, que contienen alimentos anticancerígenos.
La pasta sin carne contiene gran cantidad de carbohidratos y es el alimento preferido de los corredores porque produce una energía lenta y sostenida sin exceso de grasa o de calorías.
Mientras más frutas, vegetales y cereales coma, mayor cantidad de nutrientes tendrá su organismo. Una dieta vegetariana variada y debidamente equilibrada, aporta los niveles necesarios en nutrientes que su organismo necesita.
La dieta basada principalmente en cereales, vegetales y frutas, ayuda a controlar la diabetes. Los asiáticos y polinesios llevan una dieta similar y los casos de diabetes entre esta población son raros; pero cuando adoptan el modo de alimentación Occidental, los casos de diabetes se vuelven más numerosos con las complicaciones frecuentes, como la arteriosclerosis.
Los platos basados en vegetales son más económicos, en cuanto a los costos de la frutas, piense que se está ahorrando las cuentas médicas.
Las pastas y cereales son buena fuente de energía, recomendada sobre todo por los atletas y los fisioculturistas, para construir músculos y aumentar la resistencia. Contra lo que generalmente se cree, la dieta vegetariana no es pobre en proteínas.
Aumentará sus conocimientos en nutrición al tomar interés en cambiar sus hábitos alimentarios y recurrir a la literatura existente sobre vegetarianismo.
Es una alimentación completa porque todos los nutrientes que el organismo necesita se encuentran en el reino vegetal; las vitaminas, los aminoácidos y los minerales están presentes en los vegetales.
La sola alimentación no es suficiente...
Tan importante como una adecuada alimentación, es el equilibrio emocional que debemos mantener para permanecer saludable. Algo difícil de lograr en esta época convulsionada, pero es necesario recurrir a los recursos que tengamos a mano para conseguirlo. Debemos empezar por revisar nuestra actitud frente a la vida y evitar el hábito de la prisa, propio de las grandes ciudades, que solo consiguen alterarnos los nervios, producirnos ansiedad, angustia y estrés, desmejorando nuestra calidad de vida con repercusiones negativas para nuestro organismo.
Estas son
En los años 70, se llevaron a cabo numerosas investigaciones que demostraron que las dietas de bajo contenido graso, previenen las enfermedades cardiacas. La dieta vegetariana posee estas características, pudiendo además, revertir dichas males.
Las grasas vegetales polisaturadas tienden a disminuir la presión arterial, mientras que las grasas animales la eleva.
Es una buena medida para prevenir el cáncer por la cantidad de fibras presentes en la alimentación vegetariana; al facilitar la expulsión de los residuos alimenticios, se eliminan las toxinas, previniendo así el cáncer del colon. También hay muchos vegetales como el brócoli, repollitos de bruselas, la coliflor, el ajo y otros, que contienen alimentos anticancerígenos.
La pasta sin carne contiene gran cantidad de carbohidratos y es el alimento preferido de los corredores porque produce una energía lenta y sostenida sin exceso de grasa o de calorías.
Mientras más frutas, vegetales y cereales coma, mayor cantidad de nutrientes tendrá su organismo. Una dieta vegetariana variada y debidamente equilibrada, aporta los niveles necesarios en nutrientes que su organismo necesita.
La dieta basada principalmente en cereales, vegetales y frutas, ayuda a controlar la diabetes. Los asiáticos y polinesios llevan una dieta similar y los casos de diabetes entre esta población son raros; pero cuando adoptan el modo de alimentación Occidental, los casos de diabetes se vuelven más numerosos con las complicaciones frecuentes, como la arteriosclerosis.
Los platos basados en vegetales son más económicos, en cuanto a los costos de la frutas, piense que se está ahorrando las cuentas médicas.
Las pastas y cereales son buena fuente de energía, recomendada sobre todo por los atletas y los fisioculturistas, para construir músculos y aumentar la resistencia. Contra lo que generalmente se cree, la dieta vegetariana no es pobre en proteínas.
Aumentará sus conocimientos en nutrición al tomar interés en cambiar sus hábitos alimentarios y recurrir a la literatura existente sobre vegetarianismo.
Es una alimentación completa porque todos los nutrientes que el organismo necesita se encuentran en el reino vegetal; las vitaminas, los aminoácidos y los minerales están presentes en los vegetales.
La sola alimentación no es suficiente...
Tan importante como una adecuada alimentación, es el equilibrio emocional que debemos mantener para permanecer saludable. Algo difícil de lograr en esta época convulsionada, pero es necesario recurrir a los recursos que tengamos a mano para conseguirlo. Debemos empezar por revisar nuestra actitud frente a la vida y evitar el hábito de la prisa, propio de las grandes ciudades, que solo consiguen alterarnos los nervios, producirnos ansiedad, angustia y estrés, desmejorando nuestra calidad de vida con repercusiones negativas para nuestro organismo.
La Digestión
La digestión es un complicado proceso que puede durar de 24 a 48 horas. La digestión transforma los alimentos que comemos en sustancias asimilables.. ¿Quieres mejorar tu digestión? Este artículo nos ofrece consejos para disfrutar de una buena digestión.
Mirar hacia dentro
Muchas veces nos informamos de qué alimentos son los más sanos y convenientes para nuestra salud, lo cual está muy bien, pero nos olvidamos de que estos alimentos y el modo en que los consumimos van a parar a una maquinaria sorprendentemente compleja en la que pasamos toda nuestra vida; el cuerpo humano. Es por ello que conocerlo es conocernos y me parece de vital importancia para comprender de verdad el sentido de lo que significa cuidarse.
Conociendo mi digestión
En realidad, el proceso de la digestión empieza en el cerebro el cual envía la orden de puesta en marcha al estómago en el mismo instante en que la vista o el olfato son estimulados e incluso cuando se produce cualquier pensamiento referente a la comida.
Una vez el alimento en la boca, los dientes rompen el alimento por fuera y la saliva los rompe por dentro. La digestión de los hidratos de carbono o glúcidos, como el pan, bollería, pastas, patatas, etc. se realiza en la boca debido a la presencia de una enzima, la ptialina y queda momentáneamente detenida en el estómago, donde se digieren principalmente las proteínas.
El estómago es la bolsa donde van a parar los alimentos una vez masticados entrando en contacto con el ácido clorhídrico, líquido de gran poder abrasivo, cuya función es deshacer las proteínas (carne, pescado, legumbres, frutos oleaginosos, tofu, seitán, etc.). Si nuestra dieta es muy rica en estos alimentos producimos mayor cantidad de ácido clorhídrico y si fuera excesivamente abundante en proteínas se podrían llegar a agredir las paredes del estómago.
Una vez batidos y mezclados los alimentos en el estómago pasan a un tubo de tres a siete metros de largo, el intestino delgado. Es en el duodeno (primera parte del intestino delgado) donde confluyen los líquidos del páncreas, vesícula biliar y los propios jugos intestinales, que terminan de digerir los glúcidos y las grasas. Si hemos tomado muchas grasas la vesícula biliar se contrae y liberará más bilis para poder digerirlas. Es en el intestino delgado donde las vellosidades intestinales o flora intestinal se encargan de absorber los nutrientes de los alimentos que tomamos, su salud es esencial para la asimilación de todas las sustancias.
El último eslabón de la digestión es la deshidratación de la materia fecal, para ser posteriormente eliminada. Esta tarea la realiza el intestino grueso o Colon de dos metros de largo aproximadamente. El intestino grueso funciona gracias a unos movimientos llamados peristálticos los cuales se ven estimulados por la presencia de fibra vegetal que aporta volumen y presiona los intestinos para que se muevan y permita avanzar las heces hasta su eliminación. Dependiendo de toda una serie de factores las heces pueden estar de seis a veinte horas esperando para ser eliminadas, aunque hay casos donde el tiempo de retención es superior, produciendo estreñimiento.
El proceso de una digestión completa puede durar de 24 a 48 horas. Paralelamente están funcionando todas sus fases ya que comemos de tres a cinco veces al día en menor o mayor cantidad.
La salud del mecanismo y por lo tanto de la nuestra, depende del equilibrio entre lo que entra y lo que se elimina, y más propiamente entre lo que verdaderamente se digiere y asimila que es lo que de verdad nos nutre.
No es sólo qué comemos sino también cómo, cuando y hasta con quién, lo que influye y determina a la larga nuestro estado general de salud.
Consejos prácticos para mejorar la digestión
Masticar y ensalivar detenidamente los alimentos es el paso más importante, pues determina que todos los demás escalafones del proceso digestivo se realicen óptimamente.
Evitar las presiones en la zona abdominal, cinturones, fajas o todo aquello que la comprima, así como mantener la espalda recta, para facilitar una buena digestión.
Comer respirando conscientemente y huyendo de imágenes y noticias negativas es garantizarnos una mayor felicidad.
Las comidas copiosas en la que hemos mezclado diferentes tipos de alimentos entre sí sobrecargan los órganos digestivos por lo que después no es aconsejable hacer la siesta ya que ralentiza el metabolismo y también la digestión, ni ningún esfuerzo físico o intelectual intenso que obligue a la sangre que se encuentra en la zona digestiva a desplazarse hacia otras zonas del cuerpo.
El orden digestivo del metabolismo nos indica que alimentos como el pan, las patatas, el arroz y las pastas (hidratos de carbono), se digieren mejor y más rápidamente si los comemos separados de carne, pescados y otros alimentos proteicos. Y en el caso de consumirlos juntos (pan con queso) que sea en poca cantidad y sobretodo masticándolos muy bien para facilitar al máximo la digestión.
Mirar hacia dentro
Muchas veces nos informamos de qué alimentos son los más sanos y convenientes para nuestra salud, lo cual está muy bien, pero nos olvidamos de que estos alimentos y el modo en que los consumimos van a parar a una maquinaria sorprendentemente compleja en la que pasamos toda nuestra vida; el cuerpo humano. Es por ello que conocerlo es conocernos y me parece de vital importancia para comprender de verdad el sentido de lo que significa cuidarse.
Conociendo mi digestión
En realidad, el proceso de la digestión empieza en el cerebro el cual envía la orden de puesta en marcha al estómago en el mismo instante en que la vista o el olfato son estimulados e incluso cuando se produce cualquier pensamiento referente a la comida.
Una vez el alimento en la boca, los dientes rompen el alimento por fuera y la saliva los rompe por dentro. La digestión de los hidratos de carbono o glúcidos, como el pan, bollería, pastas, patatas, etc. se realiza en la boca debido a la presencia de una enzima, la ptialina y queda momentáneamente detenida en el estómago, donde se digieren principalmente las proteínas.
El estómago es la bolsa donde van a parar los alimentos una vez masticados entrando en contacto con el ácido clorhídrico, líquido de gran poder abrasivo, cuya función es deshacer las proteínas (carne, pescado, legumbres, frutos oleaginosos, tofu, seitán, etc.). Si nuestra dieta es muy rica en estos alimentos producimos mayor cantidad de ácido clorhídrico y si fuera excesivamente abundante en proteínas se podrían llegar a agredir las paredes del estómago.
Una vez batidos y mezclados los alimentos en el estómago pasan a un tubo de tres a siete metros de largo, el intestino delgado. Es en el duodeno (primera parte del intestino delgado) donde confluyen los líquidos del páncreas, vesícula biliar y los propios jugos intestinales, que terminan de digerir los glúcidos y las grasas. Si hemos tomado muchas grasas la vesícula biliar se contrae y liberará más bilis para poder digerirlas. Es en el intestino delgado donde las vellosidades intestinales o flora intestinal se encargan de absorber los nutrientes de los alimentos que tomamos, su salud es esencial para la asimilación de todas las sustancias.
El último eslabón de la digestión es la deshidratación de la materia fecal, para ser posteriormente eliminada. Esta tarea la realiza el intestino grueso o Colon de dos metros de largo aproximadamente. El intestino grueso funciona gracias a unos movimientos llamados peristálticos los cuales se ven estimulados por la presencia de fibra vegetal que aporta volumen y presiona los intestinos para que se muevan y permita avanzar las heces hasta su eliminación. Dependiendo de toda una serie de factores las heces pueden estar de seis a veinte horas esperando para ser eliminadas, aunque hay casos donde el tiempo de retención es superior, produciendo estreñimiento.
El proceso de una digestión completa puede durar de 24 a 48 horas. Paralelamente están funcionando todas sus fases ya que comemos de tres a cinco veces al día en menor o mayor cantidad.
La salud del mecanismo y por lo tanto de la nuestra, depende del equilibrio entre lo que entra y lo que se elimina, y más propiamente entre lo que verdaderamente se digiere y asimila que es lo que de verdad nos nutre.
No es sólo qué comemos sino también cómo, cuando y hasta con quién, lo que influye y determina a la larga nuestro estado general de salud.
Consejos prácticos para mejorar la digestión
Masticar y ensalivar detenidamente los alimentos es el paso más importante, pues determina que todos los demás escalafones del proceso digestivo se realicen óptimamente.
Evitar las presiones en la zona abdominal, cinturones, fajas o todo aquello que la comprima, así como mantener la espalda recta, para facilitar una buena digestión.
Comer respirando conscientemente y huyendo de imágenes y noticias negativas es garantizarnos una mayor felicidad.
Las comidas copiosas en la que hemos mezclado diferentes tipos de alimentos entre sí sobrecargan los órganos digestivos por lo que después no es aconsejable hacer la siesta ya que ralentiza el metabolismo y también la digestión, ni ningún esfuerzo físico o intelectual intenso que obligue a la sangre que se encuentra en la zona digestiva a desplazarse hacia otras zonas del cuerpo.
El orden digestivo del metabolismo nos indica que alimentos como el pan, las patatas, el arroz y las pastas (hidratos de carbono), se digieren mejor y más rápidamente si los comemos separados de carne, pescados y otros alimentos proteicos. Y en el caso de consumirlos juntos (pan con queso) que sea en poca cantidad y sobretodo masticándolos muy bien para facilitar al máximo la digestión.
El Peligro de las Dietas
El peligro de las dietas viene determinado por lo desequilibradas que sean, por nuestro estado físico actual y por la duración o tiempo que las sigamos. El peligro de las dietas desaparece si tenemos sentido común y asesoramiento de un especialista.
La incorporación en la dieta de algunos alimentos que pueden optimizar las defensas orgánicas frente a ciertos problemas de salud es un factor primordial y, con el tiempo, cada vez más valorado.
Si la medicina preventiva tiende a evitar la aparición de enfermedades, podría decirse que la medicina predictiva hace pie en los estudios genéticos para identificar en cada persona las propensiones constitutivas a las más diversas formas de cada enfermedad. Y a través de ello busca la individualización de los riesgos potenciales que cada persona tiene frente a una determinada afección.
Hace ya más de 15 años que los expertos sitúan a las formas de alimentación a la cabeza de los factores de riesgo tumoral. En 1984 el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos estableció que un 35% de los tumores estaba de hecho relacionado con factores alimentarios. El primer informe global sobre dieta y cáncer, publicado en 1997 por el Fondo Internacional para la Investigación del Cáncer, no deja lugar a dudas sobre la íntima relación existente entre cáncer y dieta. Un exhaustivo trabajo elaborado por un equipo internacional de 15 científicos de nueve países deja claramente establecido que distintas modificaciones en la dieta pueden reducir la incidencia global de tumores entre un 30 y un 40%, lo que equivale a una cifra de entre tres y cuatro millones de casos anuales en el mundo.
Los factores estudiados (que aumentarían o disminuirían el riesgo de cáncer) se calificaron cada uno según fueran "convincente", "probable" o "posible". Así, afirmar que la ingestión de abundantes verduras reduce el riesgo para las personas más expuestas a cánceres de boca, faringe, esófago, pulmón, estómago e intestino, se calificó de "convincente". Para aquellos con propensión a tumores de mama, páncreas y vejiga, la relación se estableció en la categoría "probable" y para los casos de cánceres de ovario, útero y tiroides, como "posible".
Los científicos del Instituto de Biociencia y Tecnología de la Universidad de Texas arribaron a la conclusión de que las dietas ricas en verduras, frutas de todo tipo, cereales y también soja pueden ayudar a los hombres a prevenir el tan temido cáncer de próstata, que es actualmente la segunda causa de muerte en la población masculina.
Se insiste mucho en la importancia de consumir fibra. ¿Es realmente vital?
Un folleto titulado "Guía Dietética para los Americanos", publicado por el Departamento de Agricultura y el de Salud y Servicios Sociales de Estados Unidos ofrece el siguiente consejo: "Consumir alimentos ricos en fibra logra reducir los síntomas de la constipación, la diverticulosis y varios tipos de irritación intestinal". Cabe agregar que existe gran cantidad de trabajos que sostienen la relación entre el cáncer de colon y las dietas pobres en contenido de fibras.
Otras investigaciones han indicado que algunos componentes de fibra solubles en agua contribuyen a reducir los niveles del colesterol en la sangre, lo cual constituye un importante factor de prevención para el desarrollo de afecciones cardíacas.
Se habla de las ventajas del aceite de oliva cuando el colesterol está alto. ¿Existen certezas científicas en esta creencia?
Sabemos hoy que existen dos tipos de colesterol: el representado por las lipoproteínas de baja densidad (LDL) y el constituido por las lipoproteínas de alta densidad (HDL). El primero es el popularmente conocido como "colesterol malo", porque se deposita en las paredes de las arterias, y el segundo es el "colesterol bueno", porque ejerce una acción de barrido favorable para el mantenimiento de una buena condición en la intimidad de los vasos sanguíneos.
Como lo ideal es mantener niveles elevados de esta segunda fracción del colesterol, el aceite de oliva, que es muy rico en ácidos grasos monoinsaturados y tiene un elevado contenido de ácido oleico, es capaz de reducir el colesterol total y el LDL, y esto sin afectar al que interesa mantener en valores relativamente altos, es decir, el "bueno".
Como es obtenido de la pulpa del fruto de la oliva (a diferencia de todos los otros que son derivados de semillas) este aceite tiene un alto contenido de vitamina E (que ejerce una función antioxidante) y de provitamina A (que, entre otras actividades, refuerza el sistema inmunológico).
¿Existen alimentos preventivos para las personas propensas a los problemas coronarios?
Una dieta incluye nutrientes que se comportan como antioxidantes naturales y como tales juegan un papel importante en la prevención de la arteriosclerosis y de los trastornos cardíacos emparentados.
Son válidos los conceptos expuestos en relación con la búsqueda de normalizar los niveles de colesterol y la provisión de frutas en todas sus variedades, verduras y alimentos ricos en vitaminas y minerales. Los granos enteros, las harinas integrales, los huevos, la leche, las carnes de pescado y ave (sobre las rojas), son alimentos particularmente efectivos en la prevención de este tipo de afecciones.
¿Qué dieta es recomendable frente a la osteoporosis?
La leche descremada es un excelente alimento para un elevado aporte de calcio, mineral fundamental en la determinación de esta afección. Una taza de leche descremada aporta 300 miligramos de calcio, sólo 86 calorías y la ventaja adicional de la vitamina D, factor que favorece la absorción del calcio. Otras buenas fuentes son el yogur, las sardinas enlatadas, el salmón y todos los quesos de bajo tenor graso.
¿Qué alimentos suelen recomendarse para trastornos como las alergias y el asma?
Son varios. La cebolla, por ejemplo, previene las alergias por su contenido de queratina. La miel (en el caso de que no se filtre, esté prensada en frío o sea virgen) tiene propiedades antibacterianas, y las bacterias son agravantes de la alergia, como ya lo han demostrado numerosas investigaciones. Por otra parte, el té sabe ser un excelente dilatador de los bronquios.
El limón ha recibido excelente prensa como alimento curativo. ¿Quiénes son los más beneficiados al incorporarlo al régimen alimenticio?
Los componentes del limón no se agotan en su reconocidos aportes de vitamina C. Además posee ácidos beneficiosos para el organismo y es altamente recomendado en la hipertensión arterial, en las afecciones que comprometen al corazón y los vasos sanguíneos. También como agente preventivo de la formación de cálculos vesiculares y en la diabetes, precisamente porque evita las complicaciones arteriales.
Dietética y medicina preventiva
La alimentación puede y debe cumplir (además de su rol fundamental de asegurar el mejor estado nutricional) un papel muy significativo en la adecuada indicación de diversos tipos de alimentos seleccionados para cada individuo, conforme a sus particulares necesidades y basado en sus virtudes preventivas de ciertas patologías.
Existen muchos alimentos que son de por sí buenos para todo el mundo, mientras que otros resultan óptimos para distintos grupos de individuos.
Hoy se abre un nuevo camino en la forma de encarar la prevención de las enfermedades. Y la dietética ocupa allí un lugar de privilegio.
* Asesoró Carlos Fernando Bonazzi, médico clínico, ex-jefe del Servicio de Clínica Médica del Instituto de Investigaciones de la Academia Nacional de Medicina y ex-jefe de Clínicas del Instituto de Medicina Experimental de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.
La incorporación en la dieta de algunos alimentos que pueden optimizar las defensas orgánicas frente a ciertos problemas de salud es un factor primordial y, con el tiempo, cada vez más valorado.
Si la medicina preventiva tiende a evitar la aparición de enfermedades, podría decirse que la medicina predictiva hace pie en los estudios genéticos para identificar en cada persona las propensiones constitutivas a las más diversas formas de cada enfermedad. Y a través de ello busca la individualización de los riesgos potenciales que cada persona tiene frente a una determinada afección.
Hace ya más de 15 años que los expertos sitúan a las formas de alimentación a la cabeza de los factores de riesgo tumoral. En 1984 el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos estableció que un 35% de los tumores estaba de hecho relacionado con factores alimentarios. El primer informe global sobre dieta y cáncer, publicado en 1997 por el Fondo Internacional para la Investigación del Cáncer, no deja lugar a dudas sobre la íntima relación existente entre cáncer y dieta. Un exhaustivo trabajo elaborado por un equipo internacional de 15 científicos de nueve países deja claramente establecido que distintas modificaciones en la dieta pueden reducir la incidencia global de tumores entre un 30 y un 40%, lo que equivale a una cifra de entre tres y cuatro millones de casos anuales en el mundo.
Los factores estudiados (que aumentarían o disminuirían el riesgo de cáncer) se calificaron cada uno según fueran "convincente", "probable" o "posible". Así, afirmar que la ingestión de abundantes verduras reduce el riesgo para las personas más expuestas a cánceres de boca, faringe, esófago, pulmón, estómago e intestino, se calificó de "convincente". Para aquellos con propensión a tumores de mama, páncreas y vejiga, la relación se estableció en la categoría "probable" y para los casos de cánceres de ovario, útero y tiroides, como "posible".
Los científicos del Instituto de Biociencia y Tecnología de la Universidad de Texas arribaron a la conclusión de que las dietas ricas en verduras, frutas de todo tipo, cereales y también soja pueden ayudar a los hombres a prevenir el tan temido cáncer de próstata, que es actualmente la segunda causa de muerte en la población masculina.
Se insiste mucho en la importancia de consumir fibra. ¿Es realmente vital?
Un folleto titulado "Guía Dietética para los Americanos", publicado por el Departamento de Agricultura y el de Salud y Servicios Sociales de Estados Unidos ofrece el siguiente consejo: "Consumir alimentos ricos en fibra logra reducir los síntomas de la constipación, la diverticulosis y varios tipos de irritación intestinal". Cabe agregar que existe gran cantidad de trabajos que sostienen la relación entre el cáncer de colon y las dietas pobres en contenido de fibras.
Otras investigaciones han indicado que algunos componentes de fibra solubles en agua contribuyen a reducir los niveles del colesterol en la sangre, lo cual constituye un importante factor de prevención para el desarrollo de afecciones cardíacas.
Se habla de las ventajas del aceite de oliva cuando el colesterol está alto. ¿Existen certezas científicas en esta creencia?
Sabemos hoy que existen dos tipos de colesterol: el representado por las lipoproteínas de baja densidad (LDL) y el constituido por las lipoproteínas de alta densidad (HDL). El primero es el popularmente conocido como "colesterol malo", porque se deposita en las paredes de las arterias, y el segundo es el "colesterol bueno", porque ejerce una acción de barrido favorable para el mantenimiento de una buena condición en la intimidad de los vasos sanguíneos.
Como lo ideal es mantener niveles elevados de esta segunda fracción del colesterol, el aceite de oliva, que es muy rico en ácidos grasos monoinsaturados y tiene un elevado contenido de ácido oleico, es capaz de reducir el colesterol total y el LDL, y esto sin afectar al que interesa mantener en valores relativamente altos, es decir, el "bueno".
Como es obtenido de la pulpa del fruto de la oliva (a diferencia de todos los otros que son derivados de semillas) este aceite tiene un alto contenido de vitamina E (que ejerce una función antioxidante) y de provitamina A (que, entre otras actividades, refuerza el sistema inmunológico).
¿Existen alimentos preventivos para las personas propensas a los problemas coronarios?
Una dieta incluye nutrientes que se comportan como antioxidantes naturales y como tales juegan un papel importante en la prevención de la arteriosclerosis y de los trastornos cardíacos emparentados.
Son válidos los conceptos expuestos en relación con la búsqueda de normalizar los niveles de colesterol y la provisión de frutas en todas sus variedades, verduras y alimentos ricos en vitaminas y minerales. Los granos enteros, las harinas integrales, los huevos, la leche, las carnes de pescado y ave (sobre las rojas), son alimentos particularmente efectivos en la prevención de este tipo de afecciones.
¿Qué dieta es recomendable frente a la osteoporosis?
La leche descremada es un excelente alimento para un elevado aporte de calcio, mineral fundamental en la determinación de esta afección. Una taza de leche descremada aporta 300 miligramos de calcio, sólo 86 calorías y la ventaja adicional de la vitamina D, factor que favorece la absorción del calcio. Otras buenas fuentes son el yogur, las sardinas enlatadas, el salmón y todos los quesos de bajo tenor graso.
¿Qué alimentos suelen recomendarse para trastornos como las alergias y el asma?
Son varios. La cebolla, por ejemplo, previene las alergias por su contenido de queratina. La miel (en el caso de que no se filtre, esté prensada en frío o sea virgen) tiene propiedades antibacterianas, y las bacterias son agravantes de la alergia, como ya lo han demostrado numerosas investigaciones. Por otra parte, el té sabe ser un excelente dilatador de los bronquios.
El limón ha recibido excelente prensa como alimento curativo. ¿Quiénes son los más beneficiados al incorporarlo al régimen alimenticio?
Los componentes del limón no se agotan en su reconocidos aportes de vitamina C. Además posee ácidos beneficiosos para el organismo y es altamente recomendado en la hipertensión arterial, en las afecciones que comprometen al corazón y los vasos sanguíneos. También como agente preventivo de la formación de cálculos vesiculares y en la diabetes, precisamente porque evita las complicaciones arteriales.
Dietética y medicina preventiva
La alimentación puede y debe cumplir (además de su rol fundamental de asegurar el mejor estado nutricional) un papel muy significativo en la adecuada indicación de diversos tipos de alimentos seleccionados para cada individuo, conforme a sus particulares necesidades y basado en sus virtudes preventivas de ciertas patologías.
Existen muchos alimentos que son de por sí buenos para todo el mundo, mientras que otros resultan óptimos para distintos grupos de individuos.
Hoy se abre un nuevo camino en la forma de encarar la prevención de las enfermedades. Y la dietética ocupa allí un lugar de privilegio.
* Asesoró Carlos Fernando Bonazzi, médico clínico, ex-jefe del Servicio de Clínica Médica del Instituto de Investigaciones de la Academia Nacional de Medicina y ex-jefe de Clínicas del Instituto de Medicina Experimental de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.
Comida basura
Como nos afecta la comida basura es el título de este artículo que nos informa de que nos aporta de positivo y negativo este tipo de comida, tan de moda. Muchos fabricantes de comida basura sólo piensan en sus beneficios y no en la salud de las personas.
Quizá esta portada le parezca exagerada, pero si le ha despertado un mínimo de curiosidad, piense en la cantidad de productos enlatados, precocinados, refrescos, zumos, salsas para calentar y servir, sopas de sobre y concentrados de caldo (entre otros) del supermercado. En teoría, este tipo de comida surgió como respuesta a las necesidades y condicionantes de la vida actual, en la que hay poco tiempo para ir a la compra y cocinar. Aunque algunos fabricantes tratan de cubrir las exigencias de una dieta sana, otros se sirven de las estrategias más variopintas para no vender lo que anuncian y para incluir entre los ingredientes cantidades excesivas de ciertos elementos, a veces innecesarios, que luego no reflejan en el etiquetado.
Así, el consumidor no sabe exactamente lo que se lleva a casa. Esto, aparte de un fraude para el bolsillo, supone un riesgo para la salud, especialmente la de colectivos (lactantes, cardiópatas, hipertensos, diabéticos y niños) que deben cuidar al máximo lo que comen.
En febrero de 2000, Pierre Meneton, investigador de la influencia de los factores genéticos en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, terminó un informe para la Agencia Francesa de Seguridad Sanitaria de los Alimentos (Afssa, sus siglas en francés) en el que concluía que el exceso de sal de los productos elaborados por la industria agroalimentaria causaba 75.000 accidentes cerebrovasculares anuales en Francia (un tercio de ellos mortales).
Por ello, aconsejaba reducir un 30% de la cantidad de sodio en estos alimentos con el objetivo de evitar un buen número de dichos episodios, así como para mejorar la salud general de la población.
No obstante, advertía de que esta medida no sería bien aceptada por la mayoría de los fabricantes ni por el propio Gobierno, ya que repercutiría en pérdidas de unos seis millones de euros debido sólo a la caída en las ventas de agua mineral y bebidas industriales.
Un año después, "Le Point", una publicación gala, daba a conocer los hallazgos de este investigador y ponía de manifiesto los intereses económicos relacionados con el tema.
A partir de ahí, y a pesar de que el Ministerio del Interior francés lo niega absolutamente, Meneton, así como sus familiares y amigos, aseguran haber sido objeto de escuchas telefónicas, espionaje y seguimiento por atentar contra la seguridad del Estado. A principios de este año, el científico coordinó una reunión de la Afssa cuyo título era Sal y salud; pero localizarlo sigue siendo difícil.
Éste no es más que un botón de muestra del inmenso negocio que se mueve alrededor de los alimentos procesados. Esta misma semana, "The New York Times" publica una entrevista con la doctora Marion Nestle, jefa del departamento de Nutrición de la Universidad de Nueva York, en la que la especialista denuncia los peligros de abusar de la comida rápida y el juego sucio que emplean sus fabricantes para aumentar las ventas.
Básicamente, se trata de que el cliente coma mucho más de todo. Las raciones han aumentado de tamaño, son muy calóricas y poco nutritivas y han proliferado las promociones que ofrecen varios productos de este tipo, casi siempre fabricados por la misma marca, dentro del mismo paquete (bebida, postre, golosina, juguete...).
Nestle también apunta las presiones económicas que ejerce esta industria sobre las instituciones gubernamentales para evitar mensajes desfavorables a sus intereses.
La sociedad española está adoptando las mismas costumbres dietéticas que la estadounidense y los alimentos procesados han adquirido gran protagonismo en los últimos años. También ha contribuido el hecho de que cada vez hay más mujeres que trabajan fuera del hogar, familias compuestas por uno o dos miembros, población anciana y jornadas laborales muy intensas; todos estos factores son claros obstáculos para pensar en menús sanos y equilibrados, así como para hacer la compra de productos frescos y cocinarlos en casa.
Los expertos no quieren demonizar este tipo de comida. De hecho, admiten que muchos fabricantes se toman muy en serio su labor y elaboran, tratan, transportan y conservan sus productos teniendo en cuenta criterios dietéticos saludables. En estos casos, no existe ninguna razón para no tomarlos de vez en cuando, ya que también aportan variedad y equilibrio a la alimentación.
Fraude y riesgo
No obstante, a la vista de los datos disponibles, existen demasiadas irregularidades en este tipo de comida. Hace unos días se dio a conocer un trabajo de la Universidad San Pablo CEU sobre zumos de naranja.
El equipo de Coral Barbas, directora de la sección de química analítica de este centro analizó repetidamente las muestras de nueve marcas etiquetadas y vendidas como 100% zumo de esta fruta. Se excluyeron néctares, bebidas logradas a partir de extractos o concentrados y otras variedades.
Sólo uno de los analizados reflejaba valores que permitían englobarlo dentro de la categoría que anunciaba. "La presencia de agua en grandes proporciones y de ácido tartárico, que no es de la naranja, nos permitió detectar la dilución con agua o la mezcla con zumos de otras frutas, como la uva, más dulce y barato".
Esto no supone un riesgo grave para la salud, pero lo cierto es que se paga por algo que no es lo que aparenta. En realidad se trata de sacar mucho más partido a un litro de bebida. Sin embargo, no cabe olvidar que para personas diabéticas, esto sí puede ser problemático. El zumo de uva contiene más azúcares y, por tanto, el paciente ingiere más cantidad del edulcorante sin saberlo.
Periódicamente publica análisis comparativos de determinados productos en los que se revelan muchísimas deficiencias en este sector. Si bien la mayoría no revisten peligro grave para la salud, lo cierto es que constituyen una forma de engaño.
Consultando estos documentos, se puede observar que, por ejemplo, la higiene general de las ensaladas envasadas aún tiene que mejorar, ya que suelen tener microorganismos (Listeria, casi siempre) que proliferan por mala manipulación. Por su parte, el tomate frito y la salsa de ketchup suele contener más aditivos de los necesarios; además de que las variaciones en cuanto a la proporción de este fruto son notables. Además, algunas marcas contienen glutamato (un potenciador del sabor), pero no lo reflejan en la etiqueta.
En los precocinados de merluza, el rebozado constituye, como mínimo, el 40% del producto. Algunos dicen tener más proporción de pescado de la real y, con excepción de una sola de las muestras que se tuvieron en cuenta, todas contienen Listeria, aunque en cantidades no peligrosas.
Las galletas también suelen usar aditivos innecesarios y dos tipos contienen uno que está expresamente prohibido por la legislación para galletas secas: el antioxidante BHA (E320).
Definitivamente, el etiquetado es la asignatura pendiente. A veces se peca de dar poca información (omitir ingredientes y cantidades). La mayoría de las etiquetas son confusas. Por ejemplo, no aclaran qué tipo de lípidos incluye el total del epígrafe "grasas". Muchas usan ciertos términos incomprensibles para el consumidor medio.
Por ejemplo, es frecuente que el glutamato o el bicarbonato figuren sin el apellido sódico, de forma que no se piensa que realmente se trata de sal.
También refieren los azúcares sin englobarlos dentro de la misma categoría, cuando en realidad lo son. Un truco para identificarlos es fijarse en los que lleven el sufijo "osa" (galactosa, fructosa, lactosa, maltosa...) o los que acaben en "tol" (xilitol, sorbitol...).
En resumen, se está vulnerando el derecho que tiene el consumidor a saber lo que come. Los expertos más beligerantes no dudan en aconsejar que, a la menor duda, lo mejor es no adquirirlos.
Quizá esta portada le parezca exagerada, pero si le ha despertado un mínimo de curiosidad, piense en la cantidad de productos enlatados, precocinados, refrescos, zumos, salsas para calentar y servir, sopas de sobre y concentrados de caldo (entre otros) del supermercado. En teoría, este tipo de comida surgió como respuesta a las necesidades y condicionantes de la vida actual, en la que hay poco tiempo para ir a la compra y cocinar. Aunque algunos fabricantes tratan de cubrir las exigencias de una dieta sana, otros se sirven de las estrategias más variopintas para no vender lo que anuncian y para incluir entre los ingredientes cantidades excesivas de ciertos elementos, a veces innecesarios, que luego no reflejan en el etiquetado.
Así, el consumidor no sabe exactamente lo que se lleva a casa. Esto, aparte de un fraude para el bolsillo, supone un riesgo para la salud, especialmente la de colectivos (lactantes, cardiópatas, hipertensos, diabéticos y niños) que deben cuidar al máximo lo que comen.
En febrero de 2000, Pierre Meneton, investigador de la influencia de los factores genéticos en el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, terminó un informe para la Agencia Francesa de Seguridad Sanitaria de los Alimentos (Afssa, sus siglas en francés) en el que concluía que el exceso de sal de los productos elaborados por la industria agroalimentaria causaba 75.000 accidentes cerebrovasculares anuales en Francia (un tercio de ellos mortales).
Por ello, aconsejaba reducir un 30% de la cantidad de sodio en estos alimentos con el objetivo de evitar un buen número de dichos episodios, así como para mejorar la salud general de la población.
No obstante, advertía de que esta medida no sería bien aceptada por la mayoría de los fabricantes ni por el propio Gobierno, ya que repercutiría en pérdidas de unos seis millones de euros debido sólo a la caída en las ventas de agua mineral y bebidas industriales.
Un año después, "Le Point", una publicación gala, daba a conocer los hallazgos de este investigador y ponía de manifiesto los intereses económicos relacionados con el tema.
A partir de ahí, y a pesar de que el Ministerio del Interior francés lo niega absolutamente, Meneton, así como sus familiares y amigos, aseguran haber sido objeto de escuchas telefónicas, espionaje y seguimiento por atentar contra la seguridad del Estado. A principios de este año, el científico coordinó una reunión de la Afssa cuyo título era Sal y salud; pero localizarlo sigue siendo difícil.
Éste no es más que un botón de muestra del inmenso negocio que se mueve alrededor de los alimentos procesados. Esta misma semana, "The New York Times" publica una entrevista con la doctora Marion Nestle, jefa del departamento de Nutrición de la Universidad de Nueva York, en la que la especialista denuncia los peligros de abusar de la comida rápida y el juego sucio que emplean sus fabricantes para aumentar las ventas.
Básicamente, se trata de que el cliente coma mucho más de todo. Las raciones han aumentado de tamaño, son muy calóricas y poco nutritivas y han proliferado las promociones que ofrecen varios productos de este tipo, casi siempre fabricados por la misma marca, dentro del mismo paquete (bebida, postre, golosina, juguete...).
Nestle también apunta las presiones económicas que ejerce esta industria sobre las instituciones gubernamentales para evitar mensajes desfavorables a sus intereses.
La sociedad española está adoptando las mismas costumbres dietéticas que la estadounidense y los alimentos procesados han adquirido gran protagonismo en los últimos años. También ha contribuido el hecho de que cada vez hay más mujeres que trabajan fuera del hogar, familias compuestas por uno o dos miembros, población anciana y jornadas laborales muy intensas; todos estos factores son claros obstáculos para pensar en menús sanos y equilibrados, así como para hacer la compra de productos frescos y cocinarlos en casa.
Los expertos no quieren demonizar este tipo de comida. De hecho, admiten que muchos fabricantes se toman muy en serio su labor y elaboran, tratan, transportan y conservan sus productos teniendo en cuenta criterios dietéticos saludables. En estos casos, no existe ninguna razón para no tomarlos de vez en cuando, ya que también aportan variedad y equilibrio a la alimentación.
Fraude y riesgo
No obstante, a la vista de los datos disponibles, existen demasiadas irregularidades en este tipo de comida. Hace unos días se dio a conocer un trabajo de la Universidad San Pablo CEU sobre zumos de naranja.
El equipo de Coral Barbas, directora de la sección de química analítica de este centro analizó repetidamente las muestras de nueve marcas etiquetadas y vendidas como 100% zumo de esta fruta. Se excluyeron néctares, bebidas logradas a partir de extractos o concentrados y otras variedades.
Sólo uno de los analizados reflejaba valores que permitían englobarlo dentro de la categoría que anunciaba. "La presencia de agua en grandes proporciones y de ácido tartárico, que no es de la naranja, nos permitió detectar la dilución con agua o la mezcla con zumos de otras frutas, como la uva, más dulce y barato".
Esto no supone un riesgo grave para la salud, pero lo cierto es que se paga por algo que no es lo que aparenta. En realidad se trata de sacar mucho más partido a un litro de bebida. Sin embargo, no cabe olvidar que para personas diabéticas, esto sí puede ser problemático. El zumo de uva contiene más azúcares y, por tanto, el paciente ingiere más cantidad del edulcorante sin saberlo.
Periódicamente publica análisis comparativos de determinados productos en los que se revelan muchísimas deficiencias en este sector. Si bien la mayoría no revisten peligro grave para la salud, lo cierto es que constituyen una forma de engaño.
Consultando estos documentos, se puede observar que, por ejemplo, la higiene general de las ensaladas envasadas aún tiene que mejorar, ya que suelen tener microorganismos (Listeria, casi siempre) que proliferan por mala manipulación. Por su parte, el tomate frito y la salsa de ketchup suele contener más aditivos de los necesarios; además de que las variaciones en cuanto a la proporción de este fruto son notables. Además, algunas marcas contienen glutamato (un potenciador del sabor), pero no lo reflejan en la etiqueta.
En los precocinados de merluza, el rebozado constituye, como mínimo, el 40% del producto. Algunos dicen tener más proporción de pescado de la real y, con excepción de una sola de las muestras que se tuvieron en cuenta, todas contienen Listeria, aunque en cantidades no peligrosas.
Las galletas también suelen usar aditivos innecesarios y dos tipos contienen uno que está expresamente prohibido por la legislación para galletas secas: el antioxidante BHA (E320).
Definitivamente, el etiquetado es la asignatura pendiente. A veces se peca de dar poca información (omitir ingredientes y cantidades). La mayoría de las etiquetas son confusas. Por ejemplo, no aclaran qué tipo de lípidos incluye el total del epígrafe "grasas". Muchas usan ciertos términos incomprensibles para el consumidor medio.
Por ejemplo, es frecuente que el glutamato o el bicarbonato figuren sin el apellido sódico, de forma que no se piensa que realmente se trata de sal.
También refieren los azúcares sin englobarlos dentro de la misma categoría, cuando en realidad lo son. Un truco para identificarlos es fijarse en los que lleven el sufijo "osa" (galactosa, fructosa, lactosa, maltosa...) o los que acaben en "tol" (xilitol, sorbitol...).
En resumen, se está vulnerando el derecho que tiene el consumidor a saber lo que come. Los expertos más beligerantes no dudan en aconsejar que, a la menor duda, lo mejor es no adquirirlos.
Objeciones a comer carne
Las objeciones a comer carne están basadas en toda una serie de aspectos que abarcan desde motivos ambientales y sanitarios a motivos filosóficos. ¿Quieres conocer las bases u objeciones más habituales para tomar la decisión de no comer carne y pescado?
John A. Sharffenberg, M. D., en su libro "Problems with Meats": "La carne es el factor más importante en las causas principales de muerte en los Estados Unidos de América, y probablemente en sociedades igualmente ricas. De hecho, junto al tabaco y el alcohol, la carne es la única y más importante causa de mortalidad en los Estados Unidos de América".
Dejan una sobrecarga de residuos ácidos en el cuerpo
La metabolización de estos alimentos deja una gran cantidad de residuos ácidos en la sangre, fluidos y tejidos. Estos residuos de desecho son los ácidos úrico, fosfórico y sulfúrico. Tu cuerpo solamente puede manejar alrededor de 8 gramos de ácido úrico al día. Una pieza de carne de 500 gramos contiene 16 gramos. Observa que los animales carnívoros poseen la enzima uricasa para descomponer rápidamente el ácido úrico en una sustancia inofensiva, la alantoína. Sin embargo, el ser humano no posee esta enzima.
El ácido úrico es el ácido de la orina del animal. ¡Es lo que da a la carne su sabor! Para neutralizar estos ácidos el cuerpo utiliza reservas de minerales alcalinos, principalmente calcio, de los huesos y dientes. Esto provoca que las reservas de calcio vayan disminuyendo dejando al "hueso poroso" (osteoporosis), conduciendo al desarrollo de la postura curvada, espina dorsal torcida, fracturas espontáneas, etc. Una vez que la neutralización de los ácidos ha ocurrido, residuos de urato de calcio son depositados en los tejidos blandos y calcifican. Estos depósitos son tan duros como piedras. Estos depósitos si se forman en las arterias dan lugar a arteriosclerosis o estrechamiento de las arterias, en las lentes ópticas forman cataratas, en los uréteres del riñón y en la vesícula biliar piedras, en la piel arrugas, en las articulaciones artritis, etc.
Son altos en grasa saturada y colesterol
La carne roja tiene un 30 - 70% de grasa, dependiendo del corte. Es más, los productos lácteos, especialmente la leche entera, la crema, la mantequilla y queso son altos en grasa.
Innumerables estudios claramente relacionan la alta grasa animal en la dieta con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, las cuales se caracterizan por el depósito de grasas saturadas y colesterol en las paredes de las arterias. La enfermedad cardiovascular se lleva una de cada dos vidas en América.
Los alimentos de origen animal engordan
La carne contiene entre un 30 a 70% de grasa. La grasa contiene aproximadamente 3 veces más calorías que los carbohidratos y 2 veces más calorías que las proteínas.
Contienen gran cantidad de venenos
Los animales son reservas andantes de venenos acumulados, los cuales pasan a quienes los comen. A lo largo de su vida los animales acumulan y almacenan en sus tejidos una gran cantidad de venenos:
Pesticidas: muchos pesticidas son compuestos químicos solubles en grasa los cuales son acumulados y almacenados en la grasa animal. Ha sido estimado que el 80% de los pesticidas encontrados en el hombre provienen de productos animales.
Herbicidas y fertilizantes artificiales: los humanos son expuestos innecesariamente a estos compuestos. Hasta recientemente, el D.E.S (Dietilestribestol) era mezclado con la comida para promover el rápido crecimiento y desarrollo en los animales. Las mujeres que han tomado esta droga durante el embarazo, algunas han tenido niños que son estériles o niñas que son susceptibles a cáncer genital. Residuos de D.E.S fueron frecuentemente encontrados en la carne mientras su uso fue autorizado por la F.D.A.
Tienen bacterias y parásitos
Los principios de enteritis, disentería, y salmonella a menudo han sido relacionados con el consumo de carne preparada o conservada inadecuadamente. Ostras y marisco tomados de aguas contaminadas son una causa importante de hepatitis. Infecciones parásitas frecuentemente son relacionadas con una dieta de carne. Hay gusanos en la carne de cerdo, carne de vaca y pescado. Las infecciones de gusanos ocasionan incapacidad, debilidad y anemia crónica. La triquinosis es la enfermedad parásita más importante en América. Aproximadamente los americanos tienen tres veces más triquinosis con respecto al resto del mundo. Alrededor del 16 % de todos los adultos en América tienen triquinosis al hacerles la autopsia.
Estimulan el deseo de comer excesivamente
Los productos animales son altamente tóxicos a nivel celular, provocando un efecto estimulante. Esta estimulación es experimentada por muchas personas, a nivel psicológico, en la forma de un deseo de comer compulsivamente.
No contienen fibra
Los productos animales carecen de fibra natural que se encuentra en los cereales integrales, frutas y verduras. La fibra está compuesta de celulosa. Es indigestible y, por tanto, añade volumen y humedad a las heces. Una dieta alta en productos animales es baja en fibra resultando en un estreñimiento con heces duras e infrecuentes.
Si la dieta es baja en fibra se tiene un alto riesgo de desarrollar estas enfermedades: enfermedad cardiovascular, piedras en la vesícula, diverticulosis, hemorroides, apendicitis, hernia, venas varicosas, cáncer de colon, cáncer de pecho, obesidad, estreñimiento, diabetes, etc.
Son casi siempre comidos en pobres combinaciones con otros alimentos. La carne necesita para su digestión un medio ácido en el estómago. Si es comida con otros alimentos que necesitan un medio alcalino para su digestión (patatas, arroz, pan, maíz, etc.), el cuerpo no puede digerirla adecuadamente y entonces las bacterias la descomponen y se pudre. El resultado son subproductos tóxicos que envenenan a tu cuerpo. Eructos, gases, mal aliento, mal olor corporal son síntomas inequívocos de que se está produciendo el proceso de la putrefacción.
Contribuyen a la incidencia de cáncer
Ha sido confirmado por muchos científicos que los productos animales son la causa principal de cáncer de colon. Con una dieta alta en productos animales el tránsito de tiempo del alimento a través del sistema gastrointestinal es prolongado. El material de desecho que debería ser eliminado rápidamente permanece en contacto con el tejido rectal durante largos periodos de tiempo. Los compuestos que causan cáncer pueden ser formados por reacciones químicas o por subproductos del metabolismo bacterial. Estas sustancias químicas pueden iniciar cáncer en la pared del colon. El cáncer es la causa número dos de muertes en los Estados Unidos de América, y el cáncer de colon es la causa más común de las muertes por cáncer.
Son los alimentos más putrefactos de todos
La vida celular continúa después de la muerte del animal. Las células continúan produciendo materiales de desecho que son bloqueados en la sangre y tejidos putrefactos. El resultado es que cuando la carne es comida por los seres humanos, tiende a sufrir un proceso de pudrición en el estómago, causando envenenamiento de la sangre. La putrefacción se nota por el mal aliento, ardores de estómago, eructos, heces y gases con mal olor. Los desechos de la pudrición envenenan la sangre y tejidos causando degeneración y envejecimiento del cuerpo.
El nitrato de sodio y el nitrito de sodio son usados como conservantes para retardar el proceso de putrefacción en las carnes procesadas (salchichas de Francfort, salami, embutido, etc.). Estas sustancias son potencialmente peligrosas para los niños pequeños ya que pueden causar deformidades en los fetos, causar grave daño en las personas anémicas y son una posible causa de cáncer. Además han causado numerosos casos de envenenamiento de la sangre (metamoglobinemia).El sulfito de sodio se usa para dar a la carne una apariencia fresca y roja y eliminar el fuerte hedor de la putrefacción, incluso después de que se ha vuelto rancia y negra.
No te suministran energía
El nutriente predominante en la carne es la proteína. La proteína es lo último que el cuerpo quema para energía. Para obtener energía el cuerpo necesita los azúcares de los carbohidratos (frutas, cereales, verduras, etc.). La proteína es usada como energía solamente cuando hay un exceso en el cuerpo o una falta de carbohidratos. Cuando esto sucede, el cuerpo gasta una enorme cantidad de energía en convertir el exceso de proteína en energía. Este proceso fatiga a los riñones encargados de eliminar el ácido úrico y otros desechos generados por la descomposición de la proteína y además sobrecarga al ya exhausto hígado.
El Dr. Anthony B. Miller, director del National Cancer Institute de Canadá, dijo: "La evidencia sugiere que ciertos alimentos, particularmente altos en grasa, están relacionados con el incremento de riesgo de cáncer colorectal, pancreático, pecho, ovario, próstata y renal".
En febrero de 1.975 apareció un artículo en la revista Readers´ Digest donde se citaba un artículo de Today´s Health publicado por The American Medical Association: "Los americanos son comedores de carne por tradición. Sin embargo, las estadísticas muestran que los vegetarianos en este país son más delgados, tienen mejor salud, inferiores niveles de colesterol sanguíneo que los ciudadanos que comen carne. Incluso pueden vivir más tiempo... Los comedores de carne pueden también tener molestias debido a su mala eliminación. Un alimento de bajo contenido en fibra, como la carne, se mueve lentamente a través del tracto digestivo, haciendo que las heces sean secan y difíciles de eliminar. Las verduras, por el contrario, conservan la humedad y cubren los desechos del alimento para una eliminación más fácil".
John A. Sharffenberg, M. D., en su libro "Problems with Meats": "La carne es el factor más importante en las causas principales de muerte en los Estados Unidos de América, y probablemente en sociedades igualmente ricas. De hecho, junto al tabaco y el alcohol, la carne es la única y más importante causa de mortalidad en los Estados Unidos de América".
Dejan una sobrecarga de residuos ácidos en el cuerpo
La metabolización de estos alimentos deja una gran cantidad de residuos ácidos en la sangre, fluidos y tejidos. Estos residuos de desecho son los ácidos úrico, fosfórico y sulfúrico. Tu cuerpo solamente puede manejar alrededor de 8 gramos de ácido úrico al día. Una pieza de carne de 500 gramos contiene 16 gramos. Observa que los animales carnívoros poseen la enzima uricasa para descomponer rápidamente el ácido úrico en una sustancia inofensiva, la alantoína. Sin embargo, el ser humano no posee esta enzima.
El ácido úrico es el ácido de la orina del animal. ¡Es lo que da a la carne su sabor! Para neutralizar estos ácidos el cuerpo utiliza reservas de minerales alcalinos, principalmente calcio, de los huesos y dientes. Esto provoca que las reservas de calcio vayan disminuyendo dejando al "hueso poroso" (osteoporosis), conduciendo al desarrollo de la postura curvada, espina dorsal torcida, fracturas espontáneas, etc. Una vez que la neutralización de los ácidos ha ocurrido, residuos de urato de calcio son depositados en los tejidos blandos y calcifican. Estos depósitos son tan duros como piedras. Estos depósitos si se forman en las arterias dan lugar a arteriosclerosis o estrechamiento de las arterias, en las lentes ópticas forman cataratas, en los uréteres del riñón y en la vesícula biliar piedras, en la piel arrugas, en las articulaciones artritis, etc.
Son altos en grasa saturada y colesterol
La carne roja tiene un 30 - 70% de grasa, dependiendo del corte. Es más, los productos lácteos, especialmente la leche entera, la crema, la mantequilla y queso son altos en grasa.
Innumerables estudios claramente relacionan la alta grasa animal en la dieta con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, las cuales se caracterizan por el depósito de grasas saturadas y colesterol en las paredes de las arterias. La enfermedad cardiovascular se lleva una de cada dos vidas en América.
Los alimentos de origen animal engordan
La carne contiene entre un 30 a 70% de grasa. La grasa contiene aproximadamente 3 veces más calorías que los carbohidratos y 2 veces más calorías que las proteínas.
Contienen gran cantidad de venenos
Los animales son reservas andantes de venenos acumulados, los cuales pasan a quienes los comen. A lo largo de su vida los animales acumulan y almacenan en sus tejidos una gran cantidad de venenos:
Pesticidas: muchos pesticidas son compuestos químicos solubles en grasa los cuales son acumulados y almacenados en la grasa animal. Ha sido estimado que el 80% de los pesticidas encontrados en el hombre provienen de productos animales.
Herbicidas y fertilizantes artificiales: los humanos son expuestos innecesariamente a estos compuestos. Hasta recientemente, el D.E.S (Dietilestribestol) era mezclado con la comida para promover el rápido crecimiento y desarrollo en los animales. Las mujeres que han tomado esta droga durante el embarazo, algunas han tenido niños que son estériles o niñas que son susceptibles a cáncer genital. Residuos de D.E.S fueron frecuentemente encontrados en la carne mientras su uso fue autorizado por la F.D.A.
Tienen bacterias y parásitos
Los principios de enteritis, disentería, y salmonella a menudo han sido relacionados con el consumo de carne preparada o conservada inadecuadamente. Ostras y marisco tomados de aguas contaminadas son una causa importante de hepatitis. Infecciones parásitas frecuentemente son relacionadas con una dieta de carne. Hay gusanos en la carne de cerdo, carne de vaca y pescado. Las infecciones de gusanos ocasionan incapacidad, debilidad y anemia crónica. La triquinosis es la enfermedad parásita más importante en América. Aproximadamente los americanos tienen tres veces más triquinosis con respecto al resto del mundo. Alrededor del 16 % de todos los adultos en América tienen triquinosis al hacerles la autopsia.
Estimulan el deseo de comer excesivamente
Los productos animales son altamente tóxicos a nivel celular, provocando un efecto estimulante. Esta estimulación es experimentada por muchas personas, a nivel psicológico, en la forma de un deseo de comer compulsivamente.
No contienen fibra
Los productos animales carecen de fibra natural que se encuentra en los cereales integrales, frutas y verduras. La fibra está compuesta de celulosa. Es indigestible y, por tanto, añade volumen y humedad a las heces. Una dieta alta en productos animales es baja en fibra resultando en un estreñimiento con heces duras e infrecuentes.
Si la dieta es baja en fibra se tiene un alto riesgo de desarrollar estas enfermedades: enfermedad cardiovascular, piedras en la vesícula, diverticulosis, hemorroides, apendicitis, hernia, venas varicosas, cáncer de colon, cáncer de pecho, obesidad, estreñimiento, diabetes, etc.
Son casi siempre comidos en pobres combinaciones con otros alimentos. La carne necesita para su digestión un medio ácido en el estómago. Si es comida con otros alimentos que necesitan un medio alcalino para su digestión (patatas, arroz, pan, maíz, etc.), el cuerpo no puede digerirla adecuadamente y entonces las bacterias la descomponen y se pudre. El resultado son subproductos tóxicos que envenenan a tu cuerpo. Eructos, gases, mal aliento, mal olor corporal son síntomas inequívocos de que se está produciendo el proceso de la putrefacción.
Contribuyen a la incidencia de cáncer
Ha sido confirmado por muchos científicos que los productos animales son la causa principal de cáncer de colon. Con una dieta alta en productos animales el tránsito de tiempo del alimento a través del sistema gastrointestinal es prolongado. El material de desecho que debería ser eliminado rápidamente permanece en contacto con el tejido rectal durante largos periodos de tiempo. Los compuestos que causan cáncer pueden ser formados por reacciones químicas o por subproductos del metabolismo bacterial. Estas sustancias químicas pueden iniciar cáncer en la pared del colon. El cáncer es la causa número dos de muertes en los Estados Unidos de América, y el cáncer de colon es la causa más común de las muertes por cáncer.
Son los alimentos más putrefactos de todos
La vida celular continúa después de la muerte del animal. Las células continúan produciendo materiales de desecho que son bloqueados en la sangre y tejidos putrefactos. El resultado es que cuando la carne es comida por los seres humanos, tiende a sufrir un proceso de pudrición en el estómago, causando envenenamiento de la sangre. La putrefacción se nota por el mal aliento, ardores de estómago, eructos, heces y gases con mal olor. Los desechos de la pudrición envenenan la sangre y tejidos causando degeneración y envejecimiento del cuerpo.
El nitrato de sodio y el nitrito de sodio son usados como conservantes para retardar el proceso de putrefacción en las carnes procesadas (salchichas de Francfort, salami, embutido, etc.). Estas sustancias son potencialmente peligrosas para los niños pequeños ya que pueden causar deformidades en los fetos, causar grave daño en las personas anémicas y son una posible causa de cáncer. Además han causado numerosos casos de envenenamiento de la sangre (metamoglobinemia).El sulfito de sodio se usa para dar a la carne una apariencia fresca y roja y eliminar el fuerte hedor de la putrefacción, incluso después de que se ha vuelto rancia y negra.
No te suministran energía
El nutriente predominante en la carne es la proteína. La proteína es lo último que el cuerpo quema para energía. Para obtener energía el cuerpo necesita los azúcares de los carbohidratos (frutas, cereales, verduras, etc.). La proteína es usada como energía solamente cuando hay un exceso en el cuerpo o una falta de carbohidratos. Cuando esto sucede, el cuerpo gasta una enorme cantidad de energía en convertir el exceso de proteína en energía. Este proceso fatiga a los riñones encargados de eliminar el ácido úrico y otros desechos generados por la descomposición de la proteína y además sobrecarga al ya exhausto hígado.
El Dr. Anthony B. Miller, director del National Cancer Institute de Canadá, dijo: "La evidencia sugiere que ciertos alimentos, particularmente altos en grasa, están relacionados con el incremento de riesgo de cáncer colorectal, pancreático, pecho, ovario, próstata y renal".
En febrero de 1.975 apareció un artículo en la revista Readers´ Digest donde se citaba un artículo de Today´s Health publicado por The American Medical Association: "Los americanos son comedores de carne por tradición. Sin embargo, las estadísticas muestran que los vegetarianos en este país son más delgados, tienen mejor salud, inferiores niveles de colesterol sanguíneo que los ciudadanos que comen carne. Incluso pueden vivir más tiempo... Los comedores de carne pueden también tener molestias debido a su mala eliminación. Un alimento de bajo contenido en fibra, como la carne, se mueve lentamente a través del tracto digestivo, haciendo que las heces sean secan y difíciles de eliminar. Las verduras, por el contrario, conservan la humedad y cubren los desechos del alimento para una eliminación más fácil".
Alimentos Funcionales
Los alimentos funcionales o enriquecidos son la última moda de las empresas de alimentación y hacen que nos planteemos si son realidad o puro marketing. Con los alimentos funcionales ¿no se intenta aprovechar el éxito e interés en los remedios naturales?
En las estanterías de los supermercados cada vez es más frecuente encontrar alimentos funcionales. Estos productos, no son otra cosa, que alimentos convencionales enriquecidos con vitaminas, minerales, ácidos grasos, fibra alimenticia o sustancias biológicamente activas como los antioxidantes o los probióticos.
¿Qué nos aportan los alimentos funcionales?
Los alimentos funcionales no solo aportan beneficios meramente nutricionales, sino también, otras propiedades como son la mejora de los procesos digestivos, aumento de la inmunidad, la protección frente a enfermedades, en definitiva conseguir una mejora de la salud en general y del bienestar. La incorporación de los alimentos funcionales ha cambiado el concepto clásico de la nutrición, es decir, aquella que aporta a través de la dieta todos los nutrientes, hidratos de carbono, grasas, vitaminas, minerales y proteínas necesarios para satisfacer las necesidades orgánicas, por otro tipo de nutrición de mayor calidad basada en el consumo de alimentos enriquecidos, que además de cubrir las necesidades orgánicas, mejore el estado de salud y ayude a prevenir enfermedades.
Los alimentos funcionales pueden resultar cómodos y un complemento interesante, pero no son necesarios, ya que si seguimos una dieta suficiente, variada y equilibrada basada en productos frescos y procesados, proporcionamos a nuestro organismo todos los nutrientes necesarios para un correcto funcionamiento.
Sustancias funcionales más utilizadas
Fitoesteroles: hay alimentos, como determinadas margarinas y yogures líquidos, a los que se les añaden fitoesteroles, sustancias vegetales similares al colesterol humano, que contribuyen a reducir los niveles en sangre del llamado "colesterol malo" (LDL-c) sin los efectos secundarios de otros fármacos de acción similar. Estos fitoesteroles los podemos encontrar de forma natural en los aceites vegetales, sobre todo oliva virgen, almendras, cacahuetes, nueces y trigo integral.
Ácidos grasos esenciales: los ácidos grasos esenciales monoinsaturados y poliinsaturados ayudan a reducir los niveles en sangre del "colesterol malo" y aumentan "el colesterol bueno" y disminuyen el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. El más importante de los ácidos grasos monoinsaturado es el ácido oleico, presente en el aceite de oliva y de aguacate. Y de los ácidos graso poliinsaturados omega-6, ácido linoleico y omega-3, ácido linolénico a partir del cual se sintetiza en nuestro cuerpo los ácidos grasos EPA (eicosapentanoico) y DHA (docosahexanoico). Son ricos en ácidos poliinsaturados los aceites de girasol, soja, maíz, frutos secos oleaginosos y pescado azul.
Los productos enriquecidos con ácidos grasos son las leches con oleico, omega-3 y omega-6, galletas con omega-3, salchichas de ave y huevos con DHA y margarinas con omega-3.
Vitaminas y minerales: las vitaminas y minerales son imprescindibles para el desarrollo y buen funcionamiento del organismo, por eso no es extraño que sean numerosos los productos enriquecidos con minerales y vitaminas, panes, cereales, leches, productos lácteos, bebidas, zumos... Los minerales más utilizados son el hierro, calcio y fósforo sobre todo en leches, productos lácteos y cereales para el desayuno.
En cuanto a las vitaminas las más añadidas son la A, D y ácido fólico en los lácteos, C y E en zumos.
Antioxidantes: dentro de las sustancias antioxidantes esta las vitaminas C y E, los carotenoides (pigmentos que se encuentran en las frutas y verduras de color rojo anaranjado) polifenoles presentes en todos los vegetales, compuestos de azufre que están en el ajo, cebolla, coles. Los alimentos enriquecidos con estas sustancias son los zumos de frutas y las bebidas de leche y fruta.
Aminoácidos: los aminoácidos son los componentes más simples de las proteínas. Los más utilizados en los alimentos funcionales son el triptófano, cisteina, glutamina, arginina y tiramina. Actúan sobre el sistema nervioso, resultan de gran ayuda en casos de estrés y ansiedad, también estimulan las defensas del organismo.
Estos aminoácidos se encuentran en las carnes, pescados, lácteos, legumbres y cereales. Se suelen añadir a productos especiales para deportistas como batidos, zumos y bebidas.
Probióticos y prebióticos: los probióticos son alimentos como el yogur y las leches fermentadas que contienen microorganismos como lactobacillus, saccharomyces, bifidobacterias y ciertos cocos gran positivo. Estos microorganismos se vuelven activos una vez que colonizan el intestino, mejoran nuestras defensas y estimulan la producción de anticuerpos.
Los prebióticos son sustancias que no se digieren y que se fermentan a nivel del intestino grueso produciendo ácidos grasos de cadena corta, que son el alimento preferido de las células del colon llamadas colonocitos. Las principales sustancias prebióticas son los fructo-oligosacaridos o FOS, conocidos como la inulina y la oligofructosa, que son carbohidratos presentes en frutas y verduras. Estas sustancias se añaden principalmente a leches, yogures, margarinas y flanes.
Fibra: la fibra dietética favorece el tránsito intestinal, previene el estreñimiento, las hemorroides y otras afecciones intestinales. Proporciona sensación de saciedad, ya que retrasa la velocidad de vaciado del estómago por lo que resulta muy útil en caso de dietes hipocalóricas. La fibra se encuentra de forma natural en legumbres, frutas y hortalizas, cereales integrales. Entre los alimentos enriquecidos con fibra están las galletas, pan, cereales y determinados lácteos.
Excitantes y tranquilizantes: determinadas sustancias excitantes como la cafeína, ginseng y guaraná, se añaden a bebidas energéticas para estimular el sistema nervioso y mejorar las funciones psicológicas cuando se toman en cantidades moderadas.
En el otro extremo están las sustancias tranquilizantes, como por ejemplo, la Melisa o la Valeriana que se incorporan a productos lácteos para conseguir un efecto tranquilizante y relajante.
Productos Light: los productos Light están dirigidos a personas con exceso de peso. En este tipo de alimentos, tal es el caso de las mermeladas, bebidas y yogures light, se sustituye el azúcar por otro tipo de edulcorantes sin calorías como el aspartame, ciclomato, sacarina... En otros alimentos se sustituye parte de la grasa por otras sustancias menos calóricas como almidones. Entre estos productos están las leches desnatadas, yogures, quesos, patés, margarinas, mayonesas Light.
En las estanterías de los supermercados cada vez es más frecuente encontrar alimentos funcionales. Estos productos, no son otra cosa, que alimentos convencionales enriquecidos con vitaminas, minerales, ácidos grasos, fibra alimenticia o sustancias biológicamente activas como los antioxidantes o los probióticos.
¿Qué nos aportan los alimentos funcionales?
Los alimentos funcionales no solo aportan beneficios meramente nutricionales, sino también, otras propiedades como son la mejora de los procesos digestivos, aumento de la inmunidad, la protección frente a enfermedades, en definitiva conseguir una mejora de la salud en general y del bienestar. La incorporación de los alimentos funcionales ha cambiado el concepto clásico de la nutrición, es decir, aquella que aporta a través de la dieta todos los nutrientes, hidratos de carbono, grasas, vitaminas, minerales y proteínas necesarios para satisfacer las necesidades orgánicas, por otro tipo de nutrición de mayor calidad basada en el consumo de alimentos enriquecidos, que además de cubrir las necesidades orgánicas, mejore el estado de salud y ayude a prevenir enfermedades.
Los alimentos funcionales pueden resultar cómodos y un complemento interesante, pero no son necesarios, ya que si seguimos una dieta suficiente, variada y equilibrada basada en productos frescos y procesados, proporcionamos a nuestro organismo todos los nutrientes necesarios para un correcto funcionamiento.
Sustancias funcionales más utilizadas
Fitoesteroles: hay alimentos, como determinadas margarinas y yogures líquidos, a los que se les añaden fitoesteroles, sustancias vegetales similares al colesterol humano, que contribuyen a reducir los niveles en sangre del llamado "colesterol malo" (LDL-c) sin los efectos secundarios de otros fármacos de acción similar. Estos fitoesteroles los podemos encontrar de forma natural en los aceites vegetales, sobre todo oliva virgen, almendras, cacahuetes, nueces y trigo integral.
Ácidos grasos esenciales: los ácidos grasos esenciales monoinsaturados y poliinsaturados ayudan a reducir los niveles en sangre del "colesterol malo" y aumentan "el colesterol bueno" y disminuyen el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. El más importante de los ácidos grasos monoinsaturado es el ácido oleico, presente en el aceite de oliva y de aguacate. Y de los ácidos graso poliinsaturados omega-6, ácido linoleico y omega-3, ácido linolénico a partir del cual se sintetiza en nuestro cuerpo los ácidos grasos EPA (eicosapentanoico) y DHA (docosahexanoico). Son ricos en ácidos poliinsaturados los aceites de girasol, soja, maíz, frutos secos oleaginosos y pescado azul.
Los productos enriquecidos con ácidos grasos son las leches con oleico, omega-3 y omega-6, galletas con omega-3, salchichas de ave y huevos con DHA y margarinas con omega-3.
Vitaminas y minerales: las vitaminas y minerales son imprescindibles para el desarrollo y buen funcionamiento del organismo, por eso no es extraño que sean numerosos los productos enriquecidos con minerales y vitaminas, panes, cereales, leches, productos lácteos, bebidas, zumos... Los minerales más utilizados son el hierro, calcio y fósforo sobre todo en leches, productos lácteos y cereales para el desayuno.
En cuanto a las vitaminas las más añadidas son la A, D y ácido fólico en los lácteos, C y E en zumos.
Antioxidantes: dentro de las sustancias antioxidantes esta las vitaminas C y E, los carotenoides (pigmentos que se encuentran en las frutas y verduras de color rojo anaranjado) polifenoles presentes en todos los vegetales, compuestos de azufre que están en el ajo, cebolla, coles. Los alimentos enriquecidos con estas sustancias son los zumos de frutas y las bebidas de leche y fruta.
Aminoácidos: los aminoácidos son los componentes más simples de las proteínas. Los más utilizados en los alimentos funcionales son el triptófano, cisteina, glutamina, arginina y tiramina. Actúan sobre el sistema nervioso, resultan de gran ayuda en casos de estrés y ansiedad, también estimulan las defensas del organismo.
Estos aminoácidos se encuentran en las carnes, pescados, lácteos, legumbres y cereales. Se suelen añadir a productos especiales para deportistas como batidos, zumos y bebidas.
Probióticos y prebióticos: los probióticos son alimentos como el yogur y las leches fermentadas que contienen microorganismos como lactobacillus, saccharomyces, bifidobacterias y ciertos cocos gran positivo. Estos microorganismos se vuelven activos una vez que colonizan el intestino, mejoran nuestras defensas y estimulan la producción de anticuerpos.
Los prebióticos son sustancias que no se digieren y que se fermentan a nivel del intestino grueso produciendo ácidos grasos de cadena corta, que son el alimento preferido de las células del colon llamadas colonocitos. Las principales sustancias prebióticas son los fructo-oligosacaridos o FOS, conocidos como la inulina y la oligofructosa, que son carbohidratos presentes en frutas y verduras. Estas sustancias se añaden principalmente a leches, yogures, margarinas y flanes.
Fibra: la fibra dietética favorece el tránsito intestinal, previene el estreñimiento, las hemorroides y otras afecciones intestinales. Proporciona sensación de saciedad, ya que retrasa la velocidad de vaciado del estómago por lo que resulta muy útil en caso de dietes hipocalóricas. La fibra se encuentra de forma natural en legumbres, frutas y hortalizas, cereales integrales. Entre los alimentos enriquecidos con fibra están las galletas, pan, cereales y determinados lácteos.
Excitantes y tranquilizantes: determinadas sustancias excitantes como la cafeína, ginseng y guaraná, se añaden a bebidas energéticas para estimular el sistema nervioso y mejorar las funciones psicológicas cuando se toman en cantidades moderadas.
En el otro extremo están las sustancias tranquilizantes, como por ejemplo, la Melisa o la Valeriana que se incorporan a productos lácteos para conseguir un efecto tranquilizante y relajante.
Productos Light: los productos Light están dirigidos a personas con exceso de peso. En este tipo de alimentos, tal es el caso de las mermeladas, bebidas y yogures light, se sustituye el azúcar por otro tipo de edulcorantes sin calorías como el aspartame, ciclomato, sacarina... En otros alimentos se sustituye parte de la grasa por otras sustancias menos calóricas como almidones. Entre estos productos están las leches desnatadas, yogures, quesos, patés, margarinas, mayonesas Light.
Comedores escolares y la salud de los niños
Los comedores escolares influyen muchísimo en la salud de los niños ya que allí hacen la comida más importante del día y aprenden hábitos alimentarios. Los comedores escolares, coordinados con los profesores, realizan una función básica para la salud.
Objetivos y funciones de los comedores escolares
Cada vez hay más niños que se quedan a comer en los comedores escolares ya que tanto el padre como la madre trabajan fuera de casa y los abuelos ya no suelen vivir en la misma casa y a menudo ni en el mismo pueblo. Una de las comidas más importantes se realiza, pues, en el colegio y eso es un factor importante en la dieta de los niños.
Los objetivos y funciones más comunes de los comedores escolares son:
Proporcionar, evidentemente, esa comida a aquellos alumnos que por diferentes motivos no se desplazan a comer a su casa.
Enseñar o potenciar buenos hábitos a la hora de comer (lavarse las manos antes, comer utilizando los diferentes cubiertos correctamente, aprender a compartir ese espacio con otras personas respetuosamente, disfrutar de una dieta lo más variada posible, etc.).
Los alumnos en un ambiente más distendido pueden compartir temas más personales y conocerse un poco mejor. Se potencia así el compañerismo.
Aprender a ser paciente con tu turno; a comer lo que haya y no sólo lo que nos gusta también son factores necesarios para un equilibrio emocional del alumno.
El no ir a casa supone un ahorro de tiempo que el alumno puede dedicar a otras actividades que se organizan en el propio colegio (juegos, lecturas, coros, grupos musicales, etc.).
Etc.
Los comedores escolares no sustituyen la educación recibida en casa
En los comedores escolares, como hemos dicho, se puede potenciar buenos hábitos de higiene, tolerancia y aprender a comer de un modo más equilibrado pero por supuesto el ejemplo y la educación de los padres es primordial. Si nosotros comemos sólo lo que nos gusta; lo hacemos rápido y no tenemos ningún buen hábito poco podemos exigirles a la escuela que hará lo que buenamente pueda. Por supuesto eso no quiere decir que no se les deba de exigir que lo hagan lo mejor posible.
La importancia de un buen desayuno
Es curioso ver el aumento de porcentaje de niños (y adultos) que no desayunan o que toman cualquier cosa (sólo un café o dos galletas) y lo que es evidente es que la ausencia de un buen desayuno disminuye claramente el rendimiento escolar (el cerebro necesita tener siempre "combustible" para rendir al máximo).
Además cuando el alumno acude a almorzar pueden ocurrir dos cosas:
Que el alumno esté tan "bajo" de energía que no tenga apenas apetito. Muchas personas comentan que les ocurre lo mismo cuando ya se pasó la hora de comer.
Que el bajón de glucosa que tienen les haga devorar sin ningún control todo lo que encuentren. Es imposible que puedan masticar tranquilamente ya que su organismo envía la orden de que coman todo lo que puedan para llenar "el deposito". Es un mecanismo de supervivencia que tenemos. Luego del atracón harán una digestión muy lenta y les entrará una somnolencia que les impedirá aprovechar la primera clase de la tarde.
¿Son saludables los menús de los comedores escolares?
Aunque diremos que es imposible generalizar ya que eso puede depender de la línea educativa (a nivel de comedores escolares) que siga cada país, lo cierto es que suele ser el colegio (y las asociaciones de padres y madres) quien organiza los menús.
En muchos sitios se sirven menús que previamente han sido aprobados por médicos o dietistas. Los alarmantes informes sobre la mala calidad de los comedores escolares (exceso de grasas y azúcares) han hecho que los propios colegios o las autoridades sanitarias empiecen a corregir ese desequilibrio.
En general se ha visto que predominan demasiados fritos (patatas, rebozados, fritos, etc.), demasiada carne (salchichas, croquetas, carne empanada, etc.), bollería de postre y como norma pocas legumbres, verduras y frutas.
Es importante que la dieta, en general, no sea excesivamente calórica ya que los alumnos cada vez llevan una vida más sedentaria y por ello va en aumento la obesidad.
Pautas aconsejables en la nutrición de los comedores escolares
Que el agua sea la única bebida ya que muchos jóvenes se han acostumbrado a tomar colas y refrescos en cada comida.
Dieta adecuada a la edad de los diferentes cursos escolares.
Adecuar la dieta de los comedores escolares a las estaciones (más ensaladas y platos más ligeros en verano) y más sopas o alimentos más contundentes en invierno (estofados, fritos, horneados, etc.).
Tener bien controlada la dieta adecuada para los casos concretos (diabetes, celiaquía, alergias alimentarias, etc.).
El almuerzo debería suponer un 35% de la ingesta calórica del día. El desayuno el 25%; la merienda un 10% y la cena un 30% (sinó cenamos temprano mejor que sea más ligera).
Intentar adecuar los platos, dentro de lo saludable, a los gustos de la mayoría de gente de esa zona. Cuidar la presentación (también comemos por la vista) y sobre todo la elaboración. La comida debe de ser sana y apetecible.
Como norma aumentaremos la cantidad de verdura, frutas y legumbres a la vez que disminuiremos el consumo de carne, grasas y azúcares (refrescos y postres industriales).
Algunas propuestas para los comedores escolares
Alimentos ecológicos: en algunas comunidades españolas (departamentos) las autoridades están subvencionando los comedores escolares a fin de que los padres paguen lo mismo por la comida y en cambio disfruten de una comida más sana (no se ha cultivado con pesticidas ni ningún producto químico) y a la vez más sabrosa.
Comprar directamente a pequeños productores locales: algunos colegios se organizan para comprar, dentro de lo posible, el máximo número de alimentos a pequeños productores locales directamente. Por un lado siempre se consigue un buen precio ya que no hay intermediarios; el productor recibe un precio más justo y los alimentos no deben de ser transportados desde muy lejos lo que contribuye a una menor contaminación.
Colaborar en el reciclaje de residuos orgánicos: muchas ciudades ya tiene recogida de residuos orgánicos (restos de comida). Los comedores escolares generan gran cantidad de restos de comida y si enseñamos a los alumnos a que echen las sobras en los contenedores adecuados será más probable que también lo hagan en sus casas. Es una buena concienciación sobre el Medio Ambiente.
En las clases de Ciencias Naturales para revisar, entre todos revisar, qué come cada alumno: los demás compañeros (una vez se ha estudiado las proteínas, hidratos de carbono y demás nutrientes) tratarán de ver como se podría corregir esa dieta viendo que alimentos está tomando en exceso y cuales toma poco. No se trataría de juzgar sino de ayudarnos a reflexionar sobre como es nuestra dieta.
Que participen en la confección de los menús: una vez estudiados en clase los nutrientes necesarios y que alimentos los contienen se podría elaborar, entre todos, un menú.
Colaborar, puntualmente, en la elaboración de la comida: los comedores escolares podrían tener cada día unos pocos ayudantes (en tareas sin riesgo) que ayudarían en la cocina (un espacio de tiempo concreto). Con esa motivación es más normal que en primer lugar se coman mejor el almuerzo y en segundo lugar favorece que en casa quieran ayudar. Normalmente se consigue que los chicos amplíen su dieta ya que empiezan a experimentar en la cocina.
Probar alimentos de otras culturas: cocinar alimentos de otras culturas también es una forma de integración cultural por parte de todos. Primero en clase el alumno (o sus padres) pueden explicar los platos típicos, que alimentos utilizan, la forma de cocción, los condimentos, etc. Es una excusa para hablar de geografía (donde está ese país), de religión (si es distinta), de economía (tipo de agricultura), de naturaleza (clima de la zona, tipo de cultivos, etc.), etc. Entre todos se puede decidir, también teniendo en cuenta la complejidad de la receta o de conseguir esos ingredientes, que receta apetece probar a los alumnos.
Conclusión sobre los comedores escolares
Tomar conciencia de qué y como comemos es un aspecto básico en nuestra salud. Esta "asignatura" debería ser clave en la educación de cualquier persona ya que de ella depende su bien más preciado: su salud. Los hábitos alimentarios que tomemos perdurarán, casi siempre, cuando seamos adultos.
Objetivos y funciones de los comedores escolares
Cada vez hay más niños que se quedan a comer en los comedores escolares ya que tanto el padre como la madre trabajan fuera de casa y los abuelos ya no suelen vivir en la misma casa y a menudo ni en el mismo pueblo. Una de las comidas más importantes se realiza, pues, en el colegio y eso es un factor importante en la dieta de los niños.
Los objetivos y funciones más comunes de los comedores escolares son:
Proporcionar, evidentemente, esa comida a aquellos alumnos que por diferentes motivos no se desplazan a comer a su casa.
Enseñar o potenciar buenos hábitos a la hora de comer (lavarse las manos antes, comer utilizando los diferentes cubiertos correctamente, aprender a compartir ese espacio con otras personas respetuosamente, disfrutar de una dieta lo más variada posible, etc.).
Los alumnos en un ambiente más distendido pueden compartir temas más personales y conocerse un poco mejor. Se potencia así el compañerismo.
Aprender a ser paciente con tu turno; a comer lo que haya y no sólo lo que nos gusta también son factores necesarios para un equilibrio emocional del alumno.
El no ir a casa supone un ahorro de tiempo que el alumno puede dedicar a otras actividades que se organizan en el propio colegio (juegos, lecturas, coros, grupos musicales, etc.).
Etc.
Los comedores escolares no sustituyen la educación recibida en casa
En los comedores escolares, como hemos dicho, se puede potenciar buenos hábitos de higiene, tolerancia y aprender a comer de un modo más equilibrado pero por supuesto el ejemplo y la educación de los padres es primordial. Si nosotros comemos sólo lo que nos gusta; lo hacemos rápido y no tenemos ningún buen hábito poco podemos exigirles a la escuela que hará lo que buenamente pueda. Por supuesto eso no quiere decir que no se les deba de exigir que lo hagan lo mejor posible.
La importancia de un buen desayuno
Es curioso ver el aumento de porcentaje de niños (y adultos) que no desayunan o que toman cualquier cosa (sólo un café o dos galletas) y lo que es evidente es que la ausencia de un buen desayuno disminuye claramente el rendimiento escolar (el cerebro necesita tener siempre "combustible" para rendir al máximo).
Además cuando el alumno acude a almorzar pueden ocurrir dos cosas:
Que el alumno esté tan "bajo" de energía que no tenga apenas apetito. Muchas personas comentan que les ocurre lo mismo cuando ya se pasó la hora de comer.
Que el bajón de glucosa que tienen les haga devorar sin ningún control todo lo que encuentren. Es imposible que puedan masticar tranquilamente ya que su organismo envía la orden de que coman todo lo que puedan para llenar "el deposito". Es un mecanismo de supervivencia que tenemos. Luego del atracón harán una digestión muy lenta y les entrará una somnolencia que les impedirá aprovechar la primera clase de la tarde.
¿Son saludables los menús de los comedores escolares?
Aunque diremos que es imposible generalizar ya que eso puede depender de la línea educativa (a nivel de comedores escolares) que siga cada país, lo cierto es que suele ser el colegio (y las asociaciones de padres y madres) quien organiza los menús.
En muchos sitios se sirven menús que previamente han sido aprobados por médicos o dietistas. Los alarmantes informes sobre la mala calidad de los comedores escolares (exceso de grasas y azúcares) han hecho que los propios colegios o las autoridades sanitarias empiecen a corregir ese desequilibrio.
En general se ha visto que predominan demasiados fritos (patatas, rebozados, fritos, etc.), demasiada carne (salchichas, croquetas, carne empanada, etc.), bollería de postre y como norma pocas legumbres, verduras y frutas.
Es importante que la dieta, en general, no sea excesivamente calórica ya que los alumnos cada vez llevan una vida más sedentaria y por ello va en aumento la obesidad.
Pautas aconsejables en la nutrición de los comedores escolares
Que el agua sea la única bebida ya que muchos jóvenes se han acostumbrado a tomar colas y refrescos en cada comida.
Dieta adecuada a la edad de los diferentes cursos escolares.
Adecuar la dieta de los comedores escolares a las estaciones (más ensaladas y platos más ligeros en verano) y más sopas o alimentos más contundentes en invierno (estofados, fritos, horneados, etc.).
Tener bien controlada la dieta adecuada para los casos concretos (diabetes, celiaquía, alergias alimentarias, etc.).
El almuerzo debería suponer un 35% de la ingesta calórica del día. El desayuno el 25%; la merienda un 10% y la cena un 30% (sinó cenamos temprano mejor que sea más ligera).
Intentar adecuar los platos, dentro de lo saludable, a los gustos de la mayoría de gente de esa zona. Cuidar la presentación (también comemos por la vista) y sobre todo la elaboración. La comida debe de ser sana y apetecible.
Como norma aumentaremos la cantidad de verdura, frutas y legumbres a la vez que disminuiremos el consumo de carne, grasas y azúcares (refrescos y postres industriales).
Algunas propuestas para los comedores escolares
Alimentos ecológicos: en algunas comunidades españolas (departamentos) las autoridades están subvencionando los comedores escolares a fin de que los padres paguen lo mismo por la comida y en cambio disfruten de una comida más sana (no se ha cultivado con pesticidas ni ningún producto químico) y a la vez más sabrosa.
Comprar directamente a pequeños productores locales: algunos colegios se organizan para comprar, dentro de lo posible, el máximo número de alimentos a pequeños productores locales directamente. Por un lado siempre se consigue un buen precio ya que no hay intermediarios; el productor recibe un precio más justo y los alimentos no deben de ser transportados desde muy lejos lo que contribuye a una menor contaminación.
Colaborar en el reciclaje de residuos orgánicos: muchas ciudades ya tiene recogida de residuos orgánicos (restos de comida). Los comedores escolares generan gran cantidad de restos de comida y si enseñamos a los alumnos a que echen las sobras en los contenedores adecuados será más probable que también lo hagan en sus casas. Es una buena concienciación sobre el Medio Ambiente.
En las clases de Ciencias Naturales para revisar, entre todos revisar, qué come cada alumno: los demás compañeros (una vez se ha estudiado las proteínas, hidratos de carbono y demás nutrientes) tratarán de ver como se podría corregir esa dieta viendo que alimentos está tomando en exceso y cuales toma poco. No se trataría de juzgar sino de ayudarnos a reflexionar sobre como es nuestra dieta.
Que participen en la confección de los menús: una vez estudiados en clase los nutrientes necesarios y que alimentos los contienen se podría elaborar, entre todos, un menú.
Colaborar, puntualmente, en la elaboración de la comida: los comedores escolares podrían tener cada día unos pocos ayudantes (en tareas sin riesgo) que ayudarían en la cocina (un espacio de tiempo concreto). Con esa motivación es más normal que en primer lugar se coman mejor el almuerzo y en segundo lugar favorece que en casa quieran ayudar. Normalmente se consigue que los chicos amplíen su dieta ya que empiezan a experimentar en la cocina.
Probar alimentos de otras culturas: cocinar alimentos de otras culturas también es una forma de integración cultural por parte de todos. Primero en clase el alumno (o sus padres) pueden explicar los platos típicos, que alimentos utilizan, la forma de cocción, los condimentos, etc. Es una excusa para hablar de geografía (donde está ese país), de religión (si es distinta), de economía (tipo de agricultura), de naturaleza (clima de la zona, tipo de cultivos, etc.), etc. Entre todos se puede decidir, también teniendo en cuenta la complejidad de la receta o de conseguir esos ingredientes, que receta apetece probar a los alumnos.
Conclusión sobre los comedores escolares
Tomar conciencia de qué y como comemos es un aspecto básico en nuestra salud. Esta "asignatura" debería ser clave en la educación de cualquier persona ya que de ella depende su bien más preciado: su salud. Los hábitos alimentarios que tomemos perdurarán, casi siempre, cuando seamos adultos.
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